01Ciencia y universalidad en Aristóteles
Tema de desarrollo (opción 1 de 2 en el examen real): Ciencia y universalidad en Aristóteles.
Respuesta modelo: Para Aristóteles (384-322 a.C.), la ciencia (episteme) es un conocimiento
riguroso, demostrativo y, sobre todo, universal: no versa sobre lo particular
ni sobre lo contingente (lo que puede ser de otra manera), sino sobre lo
necesario y lo que se da "siempre o la mayoría de las veces", expresado en
juicios universales del tipo "todo A es B". Este es uno de los puntos de
ruptura de Aristóteles con su maestro Platón: mientras que para Platón el
conocimiento científico solo podía versar sobre las Ideas (realidades
separadas, inmutables y perfectas), para Aristóteles la ciencia puede y debe
versar sobre las sustancias sensibles del mundo natural, captando en ellas lo
universal (la esencia o forma) que se realiza en cada individuo concreto.
Aristóteles expone en los Segundos Analíticos su teoría de la ciencia
demostrativa: el conocimiento científico se articula mediante silogismos que
parten de premisas universales, necesarias y verdaderas (los primeros
principios, conocidos por inducción a partir de la experiencia sensible, no
por demostración, ya que de lo contrario se caería en una regresión al
infinito), para llegar a conclusiones igualmente necesarias. La universalidad
de la ciencia se sostiene, así, en la existencia de esencias o naturalezas
fijas y cognoscibles en las cosas mismas: cuando decimos "el triángulo tiene la
suma de sus ángulos igual a dos rectos", no hablamos de este triángulo
concreto, sino del triángulo en cuanto tal, de su esencia universal, aunque
esa esencia solo exista realizada en triángulos particulares (a diferencia de
Platón, para quien existiría además una Idea de Triángulo separada).
Esta universalidad se relaciona directamente con la doctrina aristotélica de
la abstracción: el entendimiento humano, partiendo de los datos que le
proporcionan los sentidos sobre los individuos concretos, es capaz de
"abstraer" o extraer la forma universal común a todos ellos, y es sobre esa
forma universal abstraída sobre la que versa el auténtico saber científico,
nunca sobre el individuo sensible en cuanto tal (que es objeto de opinión,
doxa, y no de ciencia).
Cómo responder esto en el examen: define primero qué entiende Aristóteles por
ciencia (episteme) frente a la mera opinión (doxa), subrayando que su objeto es
lo universal y necesario, no lo particular (1); explica la teoría de la
ciencia demostrativa de los Segundos Analíticos y el papel de los primeros
principios universales conocidos por inducción (2); y cierra situando esto
como una crítica y superación de la teoría platónica de las Ideas, al
sostener que lo universal se conoce por abstracción a partir de lo sensible,
sin necesidad de un mundo de Ideas separado (3).
02El método genealógico en Nietzsche
Tema de desarrollo (opción 2 de 2 en el examen real): El método genealógico en Nietzsche.
Respuesta modelo: Friedrich Nietzsche (1844-1900) desarrolla, sobre todo en La genealogía de la
moral (1887), un método propio de análisis filosófico conocido como método
genealógico, que consiste en indagar el origen histórico y psicológico real de
los valores morales, los conceptos y las creencias, en lugar de dar por
supuesto que tienen un fundamento racional, absoluto o eterno. Frente a la
filosofía tradicional, que pregunta "¿qué es la moral, el bien, la verdad?"
buscando una esencia fija, Nietzsche pregunta "¿de dónde viene, quién la ha
creado y para qué?", desplazando el análisis desde la esencia hacia el origen
y la función (normalmente de poder) que cumple ese valor.
El ejemplo central del método genealógico es el análisis del origen de la
moral occidental (cristiana) que Nietzsche realiza distinguiendo dos tipos de
moral: la moral de señores (o moral aristocrática), propia de los fuertes y
vitalmente afirmativos, que llaman "bueno" a lo noble, fuerte y vital, y
"malo" simplemente a lo opuesto (lo débil, lo bajo); y la moral de esclavos,
que surge como una inversión resentida de la anterior: los débiles, incapaces
de vencer a los fuertes por la fuerza, invierten la escala de valores y llaman
"malo" (o "malvado") a todo lo que caracteriza al fuerte (el poder, el orgullo,
la afirmación de la vida) y "bueno" a la humildad, la mansedumbre y el
sacrificio, precisamente las virtudes del débil. Este mecanismo psicológico de
inversión de valores, nacido del resentimiento (ressentiment) de los débiles
hacia los fuertes, es, según Nietzsche, el verdadero origen histórico de la
moral judeocristiana, que se presenta a sí misma como universal y absoluta
ocultando este origen contingente y este trasfondo de poder.
El método genealógico revela así que los valores morales no son hechos
eternos ni verdades objetivas descubiertas por la razón, sino construcciones
históricas surgidas de relaciones de fuerza y de la voluntad de poder
(concepto central en toda la filosofía de Nietzsche), y que tras el discurso
moral que se presenta como desinteresado y universal se esconde siempre un
interés vital o una estrategia de poder concretos. Este desenmascaramiento
conecta la genealogía nietzscheana con la llamada "filosofía de la sospecha"
(junto a Marx y Freud), que busca tras la apariencia racional de las ideas su
verdadero motor oculto (económico, psicológico o, en este caso, vital y de
poder).
Cómo responder esto en el examen: define primero el método genealógico como
la indagación del origen histórico-psicológico de los valores frente a la
búsqueda tradicional de su esencia (1), desarrolla con detalle la distinción
entre moral de señores y moral de esclavos y el papel del resentimiento en el
origen de esta última (2), y cierra conectando esto con el concepto de
voluntad de poder y la crítica nietzscheana a la pretendida universalidad y
objetividad de la moral (3).
03Comentario de texto: Agustín de Hipona, La Ciudad de Dios
Comente el siguiente texto:
“Terminemos ya, por fin, este libro, libro en el que hemos explicado y tratado de demostrar, cuanto nos ha parecido suficiente, cuál es el desarrollo, en esta vida mortal, de las dos ciudades, la celeste y la terrena, mezcladas desde el principio hasta el fin. La terrena se fabricó dioses falsos a su gusto, tomándolos de donde sea, y aun de entre los hombres, para honrarlos con sus sacrificios; en cambio, la celeste, que peregrina en la tierra, no se fabrica dioses falsos, sino que ha sido hecha por Dios para ser ella misma un verdadero sacrificio. Las dos, sin embargo, disfrutan igualmente de los bienes temporales, o igualmente son afligidas por los males, ciertamente con fe diversa, con diversa esperanza, con caridad diversa, hasta que sean separadas en el último juicio y consiga cada una su propio fin, que no tendrá fin. De estos fines de ambas ciudades vamos a tratar a continuación” (Agustín de Hipona, La Ciudad de Dios, XVIII, 54).
Respuesta modelo: Fragmento: "Terminemos ya, por fin, este libro [...] cuál es el desarrollo, en
esta vida mortal, de las dos ciudades, la celeste y la terrena, mezcladas
desde el principio hasta el fin [...] Las dos, sin embargo, disfrutan
igualmente de los bienes temporales, o igualmente son afligidas por los males
[...] hasta que sean separadas en el último juicio y consiga cada una su
propio fin, que no tendrá fin" (Agustín de Hipona, La Ciudad de Dios, XVIII,
54).
Autor y obra: el texto pertenece a La Ciudad de Dios (De civitate Dei),
escrita por Agustín de Hipona entre el 413 y el 426 d.C. como respuesta
apologética al saqueo de Roma por los visigodos en el 410, que muchos paganos
atribuían al abandono de los dioses tradicionales tras la cristianización del
Imperio. Es la obra cumbre de la filosofía política y de la historia en el
pensamiento cristiano de la Antigüedad tardía, y en ella Agustín desarrolla su
célebre doctrina de las dos ciudades.
Idea principal: Agustín distingue dos "ciudades" (civitates), entendidas no
como entidades políticas o territoriales, sino como dos comunidades espirituales
definidas por el objeto de su amor: la ciudad terrena (civitas terrena),
fundada sobre el amor a sí mismo hasta el desprecio de Dios, y la ciudad de
Dios o celeste (civitas Dei), fundada sobre el amor a Dios hasta el desprecio
de sí mismo. Ambas ciudades están mezcladas y entrelazadas a lo largo de toda
la historia humana ("mezcladas desde el principio hasta el fin"), sin que
coincidan exactamente con ninguna institución terrena visible (ni la ciudad
terrena es simplemente el Imperio romano, ni la ciudad de Dios es sin más la
Iglesia visible), y solo serán definitivamente separadas en el Juicio Final,
cuando cada una alcance su fin propio: la condenación eterna para la ciudad
terrena y la bienaventuranza eterna para la ciudad de Dios.
Desarrollo: el pasaje subraya un matiz importante de la doctrina agustiniana:
mientras conviven en esta "vida mortal", ambas ciudades comparten por igual
los bienes y los males temporales (salud, riqueza, enfermedad, guerra, muerte),
sin que la pertenencia a la ciudad de Dios garantice prosperidad terrena ni la
pertenencia a la ciudad terrena implique necesariamente desgracia en esta
vida; lo que las distingue no es su suerte temporal, sino la fe, la esperanza
y la caridad con que afrontan esos mismos bienes y males, y sobre todo su fin
último y eterno, que sí será radicalmente distinto. Esta doctrina supone una
desacralización de lo político: ningún poder terreno, ni siquiera el Imperio
cristianizado, puede identificarse sin más con el Reino de Dios, y de aquí
arranca una larga tradición de reflexión cristiana sobre la relación entre
poder espiritual y poder temporal que se prolongará durante toda la Edad
Media.
Cómo responder este comentario en el examen: identifica primero las dos
ciudades y su criterio de distinción (el amor a Dios frente al amor a sí
mismo) (1), desarrolla la idea de que están mezcladas en la historia y solo se
separan en el Juicio Final, compartiendo mientras tanto por igual los bienes y
males temporales (2), y cierra situando el texto en su contexto histórico (la
caída de Roma en el 410 y la respuesta apologética de Agustín) y su
trascendencia posterior para la relación entre poder espiritual y temporal en
la Edad Media (3).