01Ciencia y universalidad en Aristóteles
Tema de desarrollo (opción 1 de 2 en el examen real): Ciencia y universalidad en Aristóteles.
Respuesta modelo: Para Aristóteles, expuesto principalmente en los Segundos analíticos, la
ciencia (episteme) es un conocimiento demostrativo, cierto y necesario de las
causas de las cosas, que se distingue radicalmente de la mera opinión (doxa),
que puede ser verdadera pero es siempre contingente, cambiante e insegura,
propia del mundo sensible particular.
El rasgo definitorio de la ciencia es, precisamente, la universalidad: el
conocimiento científico no versa sobre lo particular y contingente (este árbol
concreto, ahora, en este lugar), que puede cambiar y del que no cabe demostrar
nada con necesidad, sino sobre lo universal y necesario (qué es un árbol en
general, qué propiedades tiene necesariamente por el tipo de ser que es),
obtenido mediante un proceso de abstracción de la razón a partir de la
experiencia sensible repetida de casos particulares (la inducción, epagogé),
hasta captar el universal (la esencia común) que se repite en todos los casos.
El método propiamente científico, una vez alcanzados esos universales, es el
silogismo demostrativo: un razonamiento deductivo que parte de premisas
universales y necesarias (los primeros principios de cada ciencia, que no se
demuestran a su vez sino que se captan por intuición racional, nous) para
llegar necesariamente a una conclusión particular, garantizando así que el
conocimiento científico es siempre cierto y no meramente probable, a
diferencia de la retórica o la dialéctica, que trabajan con premisas solo
probables.
Cada ciencia particular (física, matemáticas, biología, ética) tiene su propio
género de objeto y sus propios principios, sin que puedan mezclarse
indebidamente los métodos de una ciencia con los de otra (no cabe, por
ejemplo, exigir a la ética el mismo grado de exactitud matemática que a la
geometría, porque su objeto -la acción humana- es por naturaleza variable y
contingente en un grado que las matemáticas no tienen).
Cómo responder esto en el examen: distingue primero ciencia (episteme,
universal y necesaria) de opinión (doxa, particular y contingente) (1),
explica el proceso de abstracción inductiva desde lo particular sensible hasta
el universal, y el silogismo demostrativo como método deductivo posterior (2),
y cierra con la idea de que cada ciencia tiene su propio grado de exactitud
según su objeto, sin poder exigir a todas el mismo rigor matemático (3). Este
tema es muy afín al de la física aristotélica (acto/potencia, causas), así que
puede aprovecharse parte del contenido de ambos si coinciden.
02La duda metódica en Descartes
Tema de desarrollo (opción 2 de 2 en el examen real): La duda metódica en Descartes.
Respuesta modelo: Descartes plantea en sus Meditaciones metafísicas (1641) un método para
alcanzar un conocimiento absolutamente cierto e indudable, inspirado en el
modelo de certeza de las matemáticas: la duda metódica, un procedimiento
provisional (no un escepticismo real ni definitivo) que consiste en poner en
duda sistemáticamente todo aquello de lo que pueda dudarse mínimamente, para
quedarse solo con lo que resista esa duda extrema como fundamento seguro sobre
el que reconstruir todo el edificio del conocimiento.
Descartes aplica esta duda en tres niveles progresivos. Primero, duda de los
sentidos, porque estos nos engañan a veces (ilusiones ópticas, espejismos), y
si nos han engañado alguna vez, ya no merecen una confianza absoluta. Segundo,
duda de la distinción entre sueño y vigilia: no existe ningún criterio
absolutamente seguro para distinguir si estamos despiertos o soñando en un
momento dado (el llamado argumento del sueño), por lo que ni siquiera la
existencia del mundo físico externo o de nuestro propio cuerpo está garantizada
con total certeza. Tercero, y más radical, la hipótesis del genio maligno: un
ser todopoderoso y engañador podría estar induciéndonos a error incluso en las
verdades matemáticas más simples (que 2+2=4, o que un cuadrado tiene cuatro
lados), de modo que ni siquiera estas verdades aparentemente evidentes son
inmunes a la duda.
Tras aplicar esta duda a absolutamente todo, Descartes encuentra un único punto
que resiste: el hecho mismo de que está dudando implica que está pensando, y
el hecho de pensar implica necesariamente que existe un sujeto que piensa. De
aquí surge el cogito ergo sum ("pienso, luego existo"), la primera verdad
indudable, cierta con evidencia absoluta, que Descartes utilizará como
fundamento (la "primera certeza") sobre el que reconstruirá el resto del
conocimiento, incluida la existencia de Dios y del mundo exterior.
Cómo responder esto en el examen: explica el objetivo de la duda (hallar un
fundamento absolutamente cierto, con el modelo matemático como referencia) (1),
desarrolla los tres niveles progresivos de duda (sentidos, sueño/vigilia,
genio maligno) con el ejemplo del sueño (2), y cierra con el cogito como
primera certeza indudable que resiste toda la duda (3). Este tema conecta
directamente con el texto de las Meditaciones sobre el sueño y la vigilia que
aparece con frecuencia en la parte B, así que conviene estudiarlos juntos.
03Comentario de texto: Agustín de Hipona, La Ciudad de Dios (las dos ciudades)
Comente el siguiente texto:
“Dos amores han dado origen a dos ciudades: el amor de sí mismo hasta el desprecio de Dios, la terrena; y el amor de Dios hasta el desprecio de sí, la celestial. La primera se gloría en sí misma; la segunda se gloría en el Señor. Aquélla solicita de los hombres la gloria; la mayor gloria de ésta se cifra en tener a Dios como testigo de su conciencia. Aquélla se engríe en su gloria; ésta dice a su Dios: Gloria mía, tú mantienes alta mi cabeza. La primera está dominada por la ambición de dominio en sus príncipes o en las naciones que somete; en la segunda se sirven mutuamente en la caridad los superiores mandando y los súbditos obedeciendo. Aquélla ama su propia fuerza en los potentados; ésta le dice a su Dios: Yo te amo, Señor, tú eres mi fortaleza” (Agustín de Hipona, La Ciudad de Dios, XIV, 28).
Respuesta modelo: Fragmento: "Dos amores han dado origen a dos ciudades: el amor de sí mismo
hasta el desprecio de Dios, la terrena; y el amor de Dios hasta el desprecio de
sí, la celestial [...] ésta le dice a su Dios: Yo te amo, Señor, tú eres mi
fortaleza" (Agustín de Hipona, La Ciudad de Dios, XIV, 28).
Autor y obra: el fragmento pertenece al libro XIV de La Ciudad de Dios (413-
426) de Agustín de Hipona, obra escrita en respuesta al saqueo de Roma por los
visigodos en el año 410, y que constituye el texto fundacional de la
filosofía política cristiana y del llamado agustinismo político.
Idea principal: Agustín explica que el origen de las dos ciudades que
atraviesan toda la historia humana no es geográfico ni institucional, sino
que reside en dos tipos opuestos de amor: la Ciudad terrena nace del amor de
sí mismo llevado hasta el desprecio de Dios (el egoísmo, el orgullo, la
búsqueda de la propia gloria y el dominio sobre los demás), mientras que la
Ciudad de Dios (o celestial) nace del amor a Dios llevado hasta el desprecio
de sí mismo (la humildad, la entrega, la búsqueda de la gloria únicamente en
Dios, no en uno mismo).
Desarrollo: el propio texto desarrolla esta oposición en varios rasgos
concretos y simétricos: la Ciudad terrena "se gloría en sí misma" y "solicita
de los hombres la gloria" (busca el reconocimiento y la admiración humanas),
mientras que la Ciudad de Dios "se gloría en el Señor" y encuentra su mayor
honor en "tener a Dios como testigo de su conciencia" (le basta la aprobación
divina, no la humana); la Ciudad terrena está dominada por "la ambición de
dominio" de sus príncipes o naciones sobre otras (el afán de someter a los
demás), mientras que en la Ciudad de Dios "se sirven mutuamente en la
caridad" tanto los que mandan como los que obedecen (una relación de servicio
mutuo, no de dominación). Es importante recordar que estas dos ciudades no se
corresponden con ningún Estado o institución terrena concretos (ni siquiera
el Imperio Romano frente a la Iglesia): son dos principios espirituales
mezclados y entrelazados dentro de cada sociedad humana real, e incluso
dentro de cada individuo, hasta el Juicio Final, cuando quedarán separadas
definitivamente.
Cómo responder este comentario en el examen: cita literalmente la fórmula
central del texto (amor de sí hasta el desprecio de Dios / amor de Dios hasta
el desprecio de sí) como definición de las dos ciudades (1), desarrolla al
menos dos de los rasgos opuestos que el propio texto ofrece (gloria propia
frente a gloria en Dios; dominación frente a servicio mutuo) (2), y cierra
aclarando que las dos ciudades no son instituciones reales sino principios
mezclados en la historia y en cada persona (3). Este texto es el mismo
contenido que el tema "La Ciudad de Dios y el agustinismo político" del banco
de temas: son prácticamente la misma respuesta con distinto énfasis (aquí
más centrado en el propio fragmento citado, allí más en el agustinismo
político derivado).
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