01La Atenas clásica: la sofística y el "descubrimiento" del hombre
Tema de desarrollo (opción 1 de 2 en el examen real): La Atenas clásica: la sofística y el "descubrimiento" del hombre.
Respuesta modelo: En la Atenas del siglo V a.C., coincidiendo con el esplendor de la democracia
ateniense tras las guerras médicas, surge un grupo de pensadores y maestros
itinerantes conocidos como los sofistas (Protágoras, Gorgias, entre los más
destacados), que marcan un giro decisivo en la historia de la filosofía griega:
el paso del interés por la naturaleza (physis), propio de los presocráticos, al
interés por el ser humano, la sociedad y el lenguaje, lo que se conoce como el
"giro antropológico" o "descubrimiento del hombre".
Los sofistas se dedicaban a enseñar, a cambio de una remuneración económica, la
retórica y el arte de argumentar (necesarias para triunfar en la vida pública
democrática ateniense, donde la capacidad de persuadir en la asamblea y los
tribunales era decisiva), lo que despertó las críticas de Platón y Sócrates,
para quienes enseñar a persuadir sin buscar la verdad convertía a la
argumentación en una técnica manipuladora vacía de contenido moral.
Protágoras de Abdera formula la tesis más célebre de la sofística: "el hombre
es la medida de todas las cosas", un relativismo radical según el cual no
existe una verdad objetiva y universal, sino que cada individuo (o cada
cultura) tiene su propia percepción de la realidad, igualmente válida, sin que
pueda establecerse un criterio absoluto para decidir entre ellas. Esto se
traduce también en un relativismo moral y cultural: las leyes y costumbres
(nomos) varían según cada pueblo y no reflejan una ley natural (physis)
universal, sino simples convenciones humanas.
Gorgias de Leontinos lleva el escepticismo aún más lejos en su obra Sobre el no
ser, con tres tesis: nada existe; si algo existiera, no podría ser conocido; y
si pudiera ser conocido, no podría ser comunicado a otros, un escepticismo
radical sobre la posibilidad misma del conocimiento y la comunicación de la
verdad.
Frente a este relativismo, Sócrates (contemporáneo de los sofistas, aunque
tradicionalmente contrapuesto a ellos) defenderá la existencia de definiciones
universales y objetivas de los conceptos morales (qué es la justicia, el bien),
alcanzables mediante el diálogo y el método mayéutico, sentando así las bases
de la filosofía moral posterior que desarrollarán Platón y Aristóteles.
Cómo responder esto en el examen: sitúa primero el giro antropológico de la
sofística en su contexto histórico (la democracia ateniense del siglo V a.C.)
(1), desarrolla el relativismo de Protágoras ("el hombre es la medida de todas
las cosas") como tesis central (2), y cierra contraponiendo la respuesta
socrática de búsqueda de definiciones universales (3). Recordar la distinción
nomos/physis (convención humana frente a naturaleza) ayuda mucho a matizar
bien el relativismo sofista.
02La existencia de Dios como idea innata en Descartes
Tema de desarrollo (opción 2 de 2 en el examen real): La existencia de Dios como idea innata en Descartes.
Respuesta modelo: René Descartes (1596-1650), en sus Meditaciones metafísicas (1641), tras
aplicar la duda metódica a todo conocimiento posible, encuentra su primera
certeza indudable en el cogito ("pienso, luego existo") y, a partir de ahí,
busca reconstruir el resto del conocimiento, incluida la existencia de Dios,
como garantía última de que el mundo exterior no es un engaño.
Descartes distingue tres tipos de ideas según su origen: adventicias (que
proceden de la experiencia sensible, como la idea de "calor"), facticias (que
la propia mente construye combinando otras ideas, como una sirena o un
unicornio) e innatas (que están presentes en la mente desde el nacimiento, no
proceden de la experiencia ni son construidas por el sujeto). La idea de Dios
-un ser infinito, perfecto y eterno- pertenece, según Descartes, a esta última
categoría: es una idea innata.
Su argumento (la llamada prueba por las marcas, o argumento de la causalidad
de las ideas) parte del principio de que en toda causa debe haber, al menos,
tanta realidad como en su efecto (principio de causalidad aplicado a la
"realidad objetiva" de las ideas, es decir, a su contenido representativo).
Descartes, un ser finito e imperfecto, no puede ser la causa de una idea de
algo infinito y perfecto, porque el efecto (la idea de infinito) tendría más
realidad que su causa (un ser finito). Por tanto, la idea de Dios solo puede
haber sido puesta en su mente por un ser que realmente posea esa perfección
infinita, es decir, por Dios mismo: la propia existencia de esta idea en
nuestra mente es, para Descartes, prueba de la existencia real de Dios, como
la "marca del artesano grabada en su obra".
Esta demostración es fundamental en el sistema cartesiano porque, una vez
probada la existencia de un Dios perfecto (que por definición no puede ser
engañador), Descartes puede confiar en que las ideas claras y distintas que
percibe con su razón son verdaderas, superando así la hipótesis del genio
maligno y recuperando la fiabilidad del conocimiento del mundo exterior.
Cómo responder esto en el examen: explica primero la clasificación de las
ideas (adventicias, facticias, innatas) situando la idea de Dios en esta
última (1), desarrolla el argumento causal (no puede haber más realidad en el
efecto que en la causa, luego un ser finito no puede originar la idea de
infinito) (2), y cierra con la función de esta prueba dentro del sistema
cartesiano: garantizar que Dios no es engañador y así validar el conocimiento
del mundo (3). Esta pregunta conecta con el tema de "la duda metódica" (ver
más abajo) como su antecedente lógico dentro del sistema de Descartes.
03Comentario de texto: Aristóteles, Ética Nicomáquea (término medio)
Comente el siguiente texto:
“Llamo término medio de una cosa a lo que dista igualmente de uno y otro de los extremos, lo cual es uno y lo mismo para todos. Mas con respecto a nosotros el medio es lo que no es excesivo ni defectuoso, pero esto ya no es uno ni lo mismo para todos. Por ejemplo: si diez es mucho y dos poco, tomamos seis como término medio en la cosa, puesto que por igual excede y es excedido, y es el término medio según la proporción aritmética. [...] Así, todo conocedor rehúye el exceso y el defecto, buscando y prefiriendo el término medio, pero el término medio no de la cosa, sino para nosotros” (Aristóteles, Ética nicomáquea II, 6, 1006a-b).
Respuesta modelo: Fragmento: "Llamo término medio de una cosa a lo que dista igualmente de uno y
otro de los extremos [...] Así, todo conocedor rehúye el exceso y el defecto,
buscando y prefiriendo el término medio, pero el término medio no de la cosa,
sino para nosotros" (Aristóteles, Ética nicomáquea II, 6, 1006a-b).
Autor y obra: el texto pertenece al libro II de la Ética a Nicómaco de
Aristóteles (siglo IV a.C.), la obra ética más importante e influyente del
autor, dedicada (según la tradición) a su hijo Nicómaco, en la que expone su
teoría de la virtud como término medio.
Idea principal: Aristóteles distingue entre el término medio "de la cosa" o
matemático (un punto fijo, objetivo e igual para todos: el término medio entre
2 y 10 es siempre 6) y el término medio "para nosotros" o moral, que no es un
punto matemático fijo sino relativo a cada persona, situación y circunstancia
concreta. La virtud ética consiste precisamente en este segundo tipo de
término medio: un punto de equilibrio entre dos vicios extremos, uno por
exceso y otro por defecto, que varía según el sujeto (lo que es valentía para
una persona puede ser temeridad para otra con distinta constitución o
experiencia).
Desarrollo: este término medio no se calcula mediante una fórmula matemática
ni se conoce de antemano de forma teórica, sino que se descubre y se acierta
en cada situación concreta gracias a la prudencia (phrónesis), la virtud
intelectual práctica que permite discernir, caso por caso, cuál es la acción
correcta. Ejemplos clásicos de este esquema en Aristóteles: la valentía es el
término medio entre la temeridad (exceso de confianza, falta de miedo) y la
cobardía (exceso de miedo, falta de confianza); la generosidad es el término
medio entre el derroche y la avaricia. La virtud, además, no es un saber
teórico que se posea de golpe, sino una disposición de carácter (hexis) que se
adquiere mediante la práctica repetida de actos virtuosos, es decir, mediante
el hábito: "nos hacemos justos practicando actos justos", como afirma
Aristóteles en otro pasaje de la misma obra.
Cómo responder este comentario en el examen: identifica primero la distinción
entre término medio "de la cosa" (matemático, objetivo) y "para nosotros"
(moral, relativo a la persona) citando literalmente si puedes la frase clave
(1), desarrolla con 1-2 ejemplos concretos de virtudes como término medio entre
dos vicios (valentía entre temeridad y cobardía es el más fácil de recordar)
(2), y cierra explicando que la virtud se adquiere por hábito, guiada por la
prudencia, no por cálculo teórico (3). Este texto conecta directamente con el
tema "Ética y política en Aristóteles" (ver banco de temas), así que conviene
estudiarlos siempre juntos.